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La ética de todo naturalista

El objetivo de este artículo es invitar al lector a la reflexión. No somos ni pretendemos ser ecologistas fanáticos que defiendan a toda costa los animales, pero sí queremos hacer una serie de reflexiones sobre el mantenimiento de animales en cautividad, especialmente del caso que nos ocupa, los anfibios. Lo haremos tanto desde el punto de vista de un naturalista que va al campo a ver poblaciones salvajes como también desde el simple aficionado que mantiene en su casa especies exóticas o también fauna autóctona de forma clandestina.

Durante muchos años tanto aficionados como biólogos han sido considerados meros colectores de animales que o bien los mantenían en cautividad o bien simplemente los guardaban en recipientes con formol y esto, pese a que actualmente es una práctica que ha entrado en desuso, no podemos decir lo mismo del afán de algunos aficionados por conseguir mantener en casa el mayor número de especies de animales.

Ser aficionado a la herpetología, no implica tener en casa un montón de animales simplemente por el hecho de tenerlos y no poderles dar los cuidados que se merecen por falta de espacio entre otras razones. Todos, cuando damos nuestros primeros pasos en una afición de este tipo, cometemos el mismo error y nosotros nos incluimos también porque somos humanos igual que vosotros.

El paso del tiempo te hace reflexionar y ves con tus propios ojos que toda aquella marabunta que tienes en casa por razones de trabajo, de estudios o de otra índole es imposible de mantener como a ti te gustaría porque careces del tiempo necesario para hacerlo.

Los conocimientos que una persona tenga sobre ciertos organismos, no va necesariamente ligado al número de especies que mantiene en su casa. Esto es algo que mucha gente confunde y ya va siendo hora de dejar los estereotipos, y las compras compulsivas de animales.

Es de sabios rectificar y aprender de los errores cometidos para no volverlos a cometer más. Sin ser anfibios, son muchos los animales que mueren año tras año en manos de sus cuidadores simplemente porque carecen de los conocimientos necesarios para darles las atenciones que necesitan, pero también porque son muy pocos los que mantienen en una afición el mismo entusiasmo que el primer día y eso es una pena.

Nos hemos encontrado con aficionados que deciden comprar animales por envidia de que otro aficionado tiene tal o cual especie, o gente que si uno tiene 50 reptiles en casa, el otro quiere tener 100 para aparentar más. Sinceramente, creemos que esto son chiquilladas que lejos de demostrar el amor por los animales, demuestran la escasa madurez de algunas personas.

Otra cosa a tener en cuenta es que los animales son más que un fajote de billetes y no hay que ver su pérdida, meramente como una pérdida económica, puesto que lo que se ha perdido es la vida de un ser vivo. No estamos con piedras sino con organismos vivos y esto es una cosa que nunca debemos olvidar.

Que una rana valga 24 euros y otra 120, no quiere decir que la primera deba vivir en un terrario cochambroso y no tenga ni derecho a la asistencia de un veterinario si se pone enferma. Es triste pero cuando te rodeas de “aficionados”, te das cuenta que muchas veces la política que predomina es ésta.

Todos los animales tienen derecho a la vida y a vivir en las mejores condiciones que les podamos ofrecer. Ellos no eligieron estar con nosotros sino que fuimos los humanos los que decidimos que compartieran su vida con nosotros, así que tenemos la obligación de cuidarlos hasta el final de sus vidas lo mejor que podamos.

Debemos informarnos ANTES de adquirir un animal de sus necesidades y ver si seremos capaces de ofrecérselas en nuestro hogar. Importante es también conocer el tamaño que puede alcanzar cuando sea adulto, ya que es frecuente que se vendan juveniles en los comercios que se transforman en auténticos mastodontes con el paso de los años y después... ¿quién tiene la culpa? ¿nosotros o el comerciante?

Es un dilema, pero si el comerciante nos informó de todo con detalle, la culpa es nuestra por no haberlo tenido en cuenta. Cuando el animal se haga grande, él no tiene la obligación de recoger al animal e incluso tampoco los zoológicos por muy ilógico que nos pueda parecer. La responsabilidad es de quien adquiere el animal y si una persona quiere tener animales como aquél que tiene jarrones, mejor que se dedique a cualquier otro hobby que no sea el mantenimiento de animales vivos.

Algunos dirán...pero ¿por qué se venden animales que después dan problemas? En primer lugar, los animales no son problemáticos sino que somos las personas los que los hacemos así. Por otro lado, no todo el mundo dispone del mismo espacio en su casa ni todo el mundo es aficionado al mismo tipo de animales. Tampoco pueden pagar justos por pecadores ni todo el mundo se comporta de forma irracional.

El ejemplo más típico que existe en los comercios son las tortugas de agua. Las tortugas de orejas rojas está prohibida su venta en nuestra ciudad por el peligro que suponía para la fauna autóctona su liberación cuando se hacían adultas. ¿Solucionaron el problema las autoridades de medio ambiente? NO, las de orejas rojas no se comercializan pero se venden las de orejas amarillas y otras muchas especies cuya talla cuando son adultas es muy parecida y dan el mismo problema a los propietarios... entonces ¿hay que prohibir la venta de todas las tortugas de agua? Creemos que la solución no pasa por ahí, porque entonces se dispararía el comercio ilegal y las cosas lejos de ir a mejor, irían a peor.

Además, existen muchos aficionados que pese al tamaño que alcanzan las tortugas de agua deciden mantenerlas en sus casas y les ofrecen todos los cuidados que necesitan. Uno de nosotros sin ir más lejos, es aficionado a estos animales y mantiene en su casa ejemplares de diferentes especies. Por eso, hacemos un llamamiento a la responsabilidad humana que es la clave para que la liberación de especies exóticas no se produzca.

Lo que hemos dicho para las tortugas sería aplicable a otro tipo de animales. Por ejemplo, un caimán no se puede mantener en un piso normal cuando es adulto por razones obvias, pero si hay alguien que dispone de una terraza interior donde le puede habilitar el espacio que necesita...¿le vamos a privar la posibilidad de tenerlo? Estamos de acuerdo que no deberían acabar en manos de los chulillos de turno que quieren fardar de bicho ante sus amiguetes y que siempre se acaban cansando del bicho o lo tienen en unas condiciones pésimas, pero tampoco creemos que se deba privar al herpetólogo responsable y realmente aficionado a estos animales de tenerlo en cautividad. La solución no es la prohibición sino la venta responsable tanto por parte del vendedor como del comprador.

Decimos esto porque un comerciante tampoco puede guiarse por estereotipos. Es más, desde el punto de vista de la legalidad tienen el mismo derecho que otra persona a tener este tipo de animales si son mayores de edad y con las facultades mentales no perturbadas.

Después de haber hablado de responsabilidades e irresponsabilidades, es momento de hablar del mantenimiento de especies autóctonas en cautividad. La Legislación es muy estricta en España en este aspecto y quien lo haga puede ser sancionado con multas elevadas e incluso penas de cárcel según los casos.

Seguro que muchos de vosotros cuando erais pequeños habéis tenido en casa un pequeño recipiente de plástico con unos cuantos renacuajos que esperabais a que se metamorfosearan y se convirtieran en ranas para soltarlos de nuevo al campo porque vuestros padres no querían en casa una rana ni en pintura... ¿hay algo de malo en ello? Nosotros ni condenamos ni absolvemos, pero sólo hacemos la reflexión que por aquel entonces cuando la ley no era tan tajante, las poblaciones de anfibios estaban en mejores condiciones que están hoy y en día. ¿La recuperación de una especie pasa por evitar su captura? De nada sirven los programas de cría en cautividad, la prohibición de captura de animales, etc... si lo que se está perdiendo es el hábitat.

Cuando hablamos del estado de las poblaciones de anfibios en la actualidad, ya lo pusimos de manifiesto. Son muchos los bosques que se queman por intereses de lo más diversos y no siempre están provocados por un pirómano loco ni mucho menos son fortuitos. Muchos de estos pirómanos tienen la cabeza mucho más amueblada de lo que parece y se mueven por intereses económicos.

Incendio forestal en “Chandeiros” Cruz do Incio (Lugo). Verano 2004.

Las brigadas contraincendios aparecen

Lo decimos con conocimiento de causa, porque uno de nosotros veranea en Galicia y realmente, es penoso ver lo que pasa cada año. Nadie pone de su parte para solucionar el problema y lo peor de todo, es que se van quemando hectáreas sin parar.

Estos incendios provocan la muerte de muchos seres vivos, pero los más afortunados escapan del abrazo de las llamas huyendo como este lución (Anguis fragilis) de la imagen.

Animamos a todos los herpetólogos y demás naturalistas a que denuncien ante las instituciones estos hechos. No puede ser que cada año pase lo mismo y los causantes queden impunes ante la ley. La unión hace la fuerza y una protesta unánime seguro que no deja indiferente a las autoridades que pondrán más de su parte para que estos lamentables hechos no sucedan.

Los que no somos meros coleccionistas de animales o incluso los que hemos hecho de su estudio una profesión como es nuestro caso, estas cosas no nos dejan indiferentes y debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para evitar que vuelvan a repetirse.

Podemos decir que es opinión mayoritaria de muchos biólogos que la protección de una especie no pasa por evitar su captura en la mayoría de los casos sino por la protección de su hábitat. Nosotros también opinamos del mismo modo como os dijimos antes pero... ¿las autoridades que hacen? ¿son incapaces de controlar incendios? ¿no tienen los medios suficientes? ¿dinero? Sinceramente, no sabemos con qué quedarnos. Si nos tenemos que quedar con lo último, que el dinero está detrás de estas catástrofes, se nos entristece el corazón.

Si los expertos opinan que no sirve de nada prohibir el mantenimiento de especies autóctonas sino se evita la destrucción de su hábitat... ¿qué tal si hacemos una reestructuración de los planes urbanísticos? ¿qué tal si se dan más ayudas a los agricultores? ¿qué tal si se hacen reformas en la industria maderera? Son cosas que dejamos en el aire, pero que deberían hacer reflexionar a las instituciones gubernamentales.

Nosotros no estamos a favor del mantenimiento en cautividad de especies autóctonas, pero tampoco creemos que deba condenarse a aquel aficionado que lo hace para el estudio de las mismas o que incluso consigue reproducirlas y que devuelve las crías año tras año a la zona donde recogió a los padres. Para nosotros, éste es un aficionado modélico que simplemente busca aprender más acerca de las especies que hay en sus bosques y hace todo lo posible para que éstas no desaparezcan.

De todos modos, nosotros somos partidarios de las observaciones de campo y creemos que no es necesario capturar a los animales para hacer estudios a nivel doméstico, pero tampoco debe ser sancionable. La experiencia nos demuestra que a la gente cuantas más cosas se le prohíben peor lo hace sino hay nadie constantemente detrás de ellos que los vigile.

El ejemplo más típico lo tenéis en las carreteras. Si por la autopista pone prohibido pasar de 120 km/h, los fitipaldis de turno se lo saltan a la torera. Ahora bien, si colocas allí un radar y empiezan a llegar suculentas multas a casa, la gente deja de correr por aquel tramo. Pues lo mismo pasa con las prohibiciones en la naturaleza.

No podemos acabar este artículo dedicado a la reflexión sin haceros una propuesta que va dirigida a todos aquellos que dispongáis de un jardín.

Se trata que construyáis un pequeño estanque en vuestro jardín destinado a la recuperación de la fauna anfíbica de vuestra zona. No existen las medidas ideales, cada cual que lo haga del tamaño que buenamente pueda. Más vale tener algo que no tener nada y todos los esfuerzos que hagamos por pequeños que sean ayudan.

Frezadero artificial

El material de construcción deberá ser preferiblemente una lona por aquello que es más moldeable y se facilitan las entradas y salidas de la zona acuática. En caso de ser de cemento o material similar, deberéis crear rampas de salida para que los animales puedan acceder con facilidad a la parte terrestre, sino puede convertirse en una trampa para anfibios más que un frezadero.

Una vez tengáis hecho el hoyo y la lona colocada, es momento de llenar el estanque de agua. Si tenéis la posibilidad de llenarlo con agua procedente de alguna charca o lago cercano no contaminado mucho mejor, ya que será agua “viva” con multitud de microorganismos e invertebrados que acelerarán notablemente el proceso de maduración.

Si no tenéis esta posibilidad, lo llenáis con agua de grifo y añadís algún acondicionador de agua. Aunque el proceso es más lento, se obtienen los mismos resultados con el tiempo.

No sólo basta con llenarla de agua. Alrededor de ella deberemos crear un pequeño bosque de ribera si nos es posible e introducir unas cuantas plantas en el agua. Tampoco está de más que coloquéis hojarasca y algunos troncos a medio descomponer en las cercanías. De esta manera, ofrecéis refugio a los juveniles que salgan de la charca y tendrán el alimento asegurado dada la multitud de invertebrados que allí se esconden.

Cuando haya en el agua: larvas de mosquito, algas incrustadas, algún escarabajo acuático, notonectas, etc... podremos decir que nuestra charca está viva.

Ahora tan sólo queda esperar la llegada de los protagonistas. La espera puede ser más o menos larga en función del estado de las poblaciones de anfibios de la zona, pero lo que os garantizamos es que nunca le faltará vida al estanque.

Si queréis acelerar la colonización, podéis trasladar algunos renacuajos de los que encontréis en una charca cercana a vuestra casa y soltarlos en vuestro estanque. No es garantía que la colonización sea inmediata, pero aumentáis las posibilidades que ésta tenga lugar con éxito y en un tiempo más corto.

No hagáis traslados muy numerosos, la población de origen de los renacuajos también debe seguir adelante. Tampoco coloquéis peces en el estanque, puesto que éstos devorarían a las larvas y huevos de los anfibios.

Si a alguien de vuestra familia no le hace mucha gracia ver este tipo de bichos pululando por el jardín, no tenéis más que decirle lo beneficiosos que son para el control de las plagas de cualquier huerto o jardín.

El último punto a tener en cuenta en vuestro proyecto, es evitar que el estanque se seque en alguna estación del año.

Esperemos que todo lo que hemos explicado en este artículo sirva para concienciar a la gente y la anime a formarse cada día mejor como aficionados.

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Alberto Maceda & Irene González | www.alaquairum.com | www.alaquairum.net

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