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Hábitos alimentarios

Una de las cosas que debe tener presente siempre un aficionado cuando mantiene un animal en cautividad es intentar ofrecerle las mejores condiciones. Por un lado, debe proporcionarle un alojamiento adecuado y sobre esto, ya tenéis a vuestra disposición el artículo: alojamiento en cautividad donde os explicamos los diferentes tipos de habitáculos a grandes rasgos, pero otra cosa, y no menos importante, es ofrecer una dieta variada que garantice el buen estado de salud de los animales.

Hemos dividido el presente artículo en una serie de apartados donde trataremos diferentes aspectos relacionados con la alimentación de los anfibios, basándonos en nuestra propia experiencia, pero también en los experimentos realizados por científicos de reconocido prestigio en este campo.

Mientras los primeros apartados son más una descripción de hábitos alimentarios (técnica de captura de alimento, papel del olfato, etc...), hemos querido incluir un último apartado donde tratamos específicamente la alimentación de los anfibios en cautividad con una tabla en la que se incluyen diferentes tipos de alimentos.

¿De qué se alimentan los anfibios?

¿Tienen preferencias alimenticias?

¿Cómo detectan y capturan el alimento?

¿Dónde acumulan las reservas energéticas?

¿Cuáles son los otros beneficios de la alimentación?

¿Existe competencia intra e interespecífica por el alimento?

¿Cómo alimentar correctamente los anfibios en cautividad?

 

¿De qué se alimentan los anfibios?

Siempre se ha considerado a los anfibios adultos, como animales carnívoros capaces de devorar todo aquello que se les ponga por delante, siempre que se mueva y les quepa por la boca. A lo largo de este apartado, veremos que esto del carnivorismo no es genérico para todos los representantes del grupo y que siempre deben considerarse las excepciones, es decir, que la herbivoría no está ligada a las larvas exclusivamente como seguramente habéis pensado hasta ahora.

Estos descubrimientos se han conseguido gracias a los experimentos de laboratorio en condiciones controladas, pero también gracias a las observaciones del contenido estomacal realizadas en ejemplares salvajes.

Ejemplos curiosos de estos hallazgos son:

  • Género Siren alimentándose de plantas acuáticas y no se trata de una ingesta accidental. Está claro que los macrófitos no forman la parte mayoritaria de su dieta, pero sí están incluidos y de forma voluntaria, que es lo importante.
  • La salamandra Aneides lugurbis parece tener a los hongos como uno de los componentes de su dieta a razón de las numerosas esporas de éstos encontradas en los digestivos de varios individuos.
  • La dentición y el tipo de estómago de Typlonectes obesus (cecilia) sugiere que estos animales muy probablemente se alimenten de las pupas y demás organismos que encuentran aferrados a las rocas de los arroyos donde viven. Es curioso haber encontrado a un anfibio con hábitos ramoneadores “raspadores” (Wake, 1978).
  • Los sapos Bufo terrestris y Bufo marinus se pueden alimentar con pienso de perro (Rossi, 1983 & Alexander, 1964). Acorde con esto, podemos aportar una pequeña experiencia personal. Uno de nosotros tenía unos sapos comunes (Bufo bufo) en un recinto cerrado y dada su juventud por aquel entonces, no sabía de qué se alimentaban los anfibios. Dado que era en una casa de campo y allí habían perros, la inocencia hizo que cogiera pienso de perro y se lo pusiera a los sapos. Como no se lo comían, les empezó a tirar las bolas de pienso cerca de la cabeza y la sorpresa fue, seguramente fruto del hambre de los animales, que después de la santa paciencia, empezaron a zamparse el pienso...¡increíble! Nunca desde entonces ninguno de nosotros ha repetido la hazaña, así que no podemos hablar más, en nuestro caso, que de un fenómeno casual.
  • La rana arborícola Hyla truncata incluye en su dieta frutos de Anthurium harrisii y Erythroxylum ovalifolium. Se trata de un caso de endozoocoria, es decir, las plantas necesitan que sus semillas (incluidas dentro de esos frutos) pasen por el tracto digestivo de los animales para posteriormente germinar. Por tanto, la rana (junto con otros animales claro está) jugaría un papel importante en la diseminación de estas semillas (da Silva-Helio et al., 1989).

A fin de cuentas, lo que nos demuestran estos hallazgos, es que si bien los anfibios adultos son carnívoros (fundamentalmente), incluyen de forma voluntaria otros alimentos en su dieta si se les presenta la ocasión. Claro está, no todos los anfibios se comportarán del mismo modo, por tanto, todo lo comentado únicamente está certificado en las especies estudiadas.

Hemos hablado todo el tiempo de anfibios adultos, pero...¿qué sucede con las larvas? Aquí nos encontramos con especies herbívoras, carnívoras y también omnívoras. A modo de ejemplo, podemos decir que los renacuajos de los escuerzos (género Ceratophrys) son carnívoros, mientras que los de sapo partero (Alytes obstetricans) son de hábitos herbívoros. Respecto a esto último, debemos decir que no es del todo cierto, ya que de lo que se alimentan las larvas en realidad, es del biofilm (conjunto de algas y microorganismos) que crece sobre la vegetación, sustrato y troncos que puedan haber caído en la charca donde han nacido. Por tanto, aunque sea a nivel microscópico, estaríamos hablando de omnivorismo.

¿Tienen preferencias alimenticias?

Los anfibios, y en especial los anuros, tienen un bajo poder de discriminación en cuestiones alimenticias. Aquí podríamos aplicar aquello de “engullir todo lo que se mueva”, pero...¿es del todo cierto?

Jaeger y Rubin hicieron estudios sobre la influencia de la experiencia en la captura de presas (Drosophila) de diferentes tamaños en la salamandra Plethodon cinereus.

Las moscas de la fruta grandes fueron capturadas con una frecuencia mayor que las pequeñas por la técnica de la persecución más que con la del acecho. Estos resultados sólo se obtenían cuando las salamandras habían tenido experiencia previa con ambos tipos de mosca. Por tanto, existe un proceso de aprendizaje por parte de estos animales que marca sus preferencias alimenticias cuando se le suministran ambos tipos de presa a la vez.

Cuando las anfibios tienen experiencias desagradables en la captura de algún tipo de presa, no vuelve a capturarla. Esto no es exclusivo de los anfibios, sino que lo encontramos a otros niveles de la escala zoológica.

Relacionado con las experiencias, tenemos también el hecho que los anfibios prefieren los alimentos de fácil digestión a los que no lo son, y lo aprenden por experiencia. Así pues, la salamandra Batrachoseps attenuatus cuando es alimentada con presas blandas o presas con potente exoesqueleto de quitina, siempre prefiere las primeras aunque sean de tamaño más reducido que las segundas (Maiorana, 1978).

Otro ejemplo, lo encontramos en la vieja técnica de captura de ranas de charca. Si se ata un trozo de tela a un hilo de nylon y éste se sujeta a una caña, conseguiremos moviéndolo delante de una rana capturarla. Este hecho tiene lugar, como veremos en un apartado posterior, a la tendencia del animal a abalanzarse sobre todo aquello que se mueva delante suyo, al interpretarlo como comida. Ahora bien, toda aquella rana que haya pasado por la experiencia, no caerá en la trampa e ignorará el señuelo que le estamos presentando.

¿Cómo detectan y capturan el alimento?

Para hacer la explicación un poco ordenada, primero veremos los sistemas que utilizan los anfibios para detectar la presencia de alimento y posteriormente, veremos los mecanismos que utilizan para su captura.

Detección

La vista y el olfato son vitales en la detección del alimento, pero la importancia del uno o del otro dependerá del tipo de anfibio.

La vista es el sentido que domina cuando las condiciones de luminosidad son elevadas, entendiéndose esto de forma relativa, ya que la presencia de luna en la oscuridad de la noche ya se considera buena luminosidad. Podríamos decir que la vista es el sentido predominante en todos los anfibios, exceptuando las cecilias, para detectar la presencia de comida y que recurren al olfato, como una adaptación secundaria, debido a los particulares modos de vida de algunas especies.

Esto se pone de manifiesto en el experimento que hemos comentado en el apartado anterior de las ranas de charca donde se sigue el siguiente patrón comportamental:

Estímulo (señuelo moviéndose) ------ Respuesta del animal (captura)

Esta experiencia demuestra que el animal tiene un “chip” interior que le dice: “todo lo que se mueve delante de ti es comida y sólo tienes que preocuparte si te cabrá por la boca”.

Si no os gustan estos experimentos, podemos ir en busca de casos reales en la naturaleza. Hamilton (1948) halló semillas flotantes de árboles en el interior de dos ranas Rana clamitans. Esto tenía su explicación, dado que las ranas vivían cerca de un arroyo por el cual bajaban dichas semillas arrastradas por la corriente y cuando las ranas las veían, se lanzaban a engullirlas pensándose que eran comida.

Existen también datos de casos dramáticos. Oliver (1955) nos habla de Bufo marinus envenenados al ingerir las flores que caían de árboles con toxinas en las islas Hawai.

Como habéis podido ver, se vuelve a poner de manifiesto la existencia de este “chip genético” que desencadena el comportamiento de capturar todo aquello que se mueve, aunque a veces tenga consecuencias letales. Se trataría de una pauta fija de comportamiento (mejor no utilizar el término de “comportamiento innato”).

Después de haber visto el papel de la vista, es momento de hablar del olfato. Como os hemos dicho antes, el papel del olfato parece jugar un papel secundario en relación con la visión, y suelen recurrir a él cuando la iluminación es pésima o nula, es decir, animales que viven en la completa oscuridad, pero también cuando las presas son inmóbiles. De todos modos, el papel del olfato varía según las diferentes especies.

La salamandra Hydromantes italicus es capaz de localizar a su presa en la completa oscuridad con gran precisión gracias al olfato y disparar su lengua para capturarla cuando ésta se encuentra a la distancia ideal de captura de 2-3 cm. Ahora bien, se observan fenómenos de inhibición del olfato sobre la vista, cuando nos encontramos ante una situación de buena iluminación, es decir, el sentido de la vista domina sobre el olfato y la salamandra no se alimentará salvo que la presa se mueva.

Aunque hemos presentado a la vista y el olfato como los únicos sistemas de detección del alimento por parte de los anfibios, lo cierto es que los anfibios totalmente acuáticos o las larvas (en general) responden también a vibraciones (cambios de presión) producidas por una presa cuando se mueve en el agua. Intervienen en este mecanismo: electroreceptores (la musculatura de la presa produce impulsos eléctricos detectables por su depredador) y también mecanoreceptores (tacto).

Se han realizado estudios que ponen de manifiesto la importancia integrada de: fotoreceptores, quimoreceptores y mecanoreceptores para capturar una determinada presa. Éste es el caso del tritón Notophthalmus viridescens y los estudios fueron realizados por Martin y colaboradores en el año 1974.

Captura

Los anfibios capturan a sus presas por medio de la lengua o bien directamente con su boca. Muchas veces, el empleo de uno u otro mecanismo va relacionado con el tamaño de la presa, pero en otros casos, depende de la especie en cuestión.

Contrariamente a lo que mucha gente cree, los anfibios tienen dientes y su distribución es variable según los grupos. Cecilias, salamandras y algunos anuros presentan dientes formando una o dos filas en los márgenes del maxilar o bien en la mandíbula inferior.

Existen casos peculiares. Por ejemplo, el género Rana típicamente carece de dientes en la mandíbula inferior, mientras que el género Bufo carecen de ellos en ambas. A su vez, algunas salamandras presentan dientes vomerianos y palatinos también.

El papel de la dentición en los anfibios es de agujerear las presas y retenerlas evitando que se escapen, más que de masticación. En los anfibios, todavía no encontramos paladar secundario, y éste resulta imprescindible para que tenga lugar la masticación dado que aquí, y diciéndolo de una manera poco científica y grosera, digamos que el techo de la cavidad bucal todavía es blando, mientras que los animales masticadores lo tenemos duro.

Agujerear las presas es importante,dado que se facilita su posterior digestión. Imaginaros como podría ser sino, la digestión de los insectos con su resistente exoesqueleto de quitina, que entre otras características, es impermeable y resistente a abrasiones químicas.

En el caso de las especies vivíparas de cecilias, parece ser que los jóvenes del interior desarrollan una dentición especial (característica de las diferentes especies) para raspar la zona del oviducto y estimular la secreción de sustancias nutritivas por parte de la madre (Wake, 1976). Como debéis suponer, se trata de un viviparismo no placentario.

Volviendo al papel de la boca directamente como sistema de captura de alimento, debemos decir que será utilizado por los anfibios que carecen de lengua (Familia Pipidae) o bien cuando las presas sean de tamaño grande y el ejemplo más típico, lo encontramos en las ranas cornudas (género Ceratophrys) capturando un roedor. Esto seguro que lo habéis visto en documentales y por ello, no vamos a colocar ninguna imagen o vídeo (aunque los pudiéramos poner), porque no queremos herir sensibilidades y tampoco creemos que sea necesaria su colocación para explicar el proceso.

La lengua de los anfibios está impregnada de mucus y es pegajosa al tacto. Esto unido a que es proyectable en buen número de caso, permite capturar a insectos y demás presas de pequeño tamaño que forman parte de la dieta de estos animales a distancia.

Como modelo, os colocamos una simulación esquemática de la secuencia de captura de una presa por parte de un sapo:

Si os fijáis, la lengua se encuentra fijada a la cavidad bucal por su extremo anterior y cuando se recoge queda extendida hacia el interior de la boca llevando consigo a la presa capturada lista para ser engullida.

Este modelo no es generalizable a todos los anfibios. Por ejemplo, las cecilias no presentan lengua “proyectable” y en algunos anfibios, en lugar de estar unida por su parte anterior al suelo bucal, lo está en su parte posterior. Así, que no debéis aplicar una regla fija a todo el grupo, sino tratar cada grupo en concreto.

Los aglosos (sin lengua) como los Pipidae utilizan el sistema de succión para capturar a sus presas. Consiste en abrir la boca y dilatar el cuello, de manera que se crea el efecto como si de una bomba de succión se tratase. Este sistema es utilizado por todos los anfibios acuáticos y pueden darse dos casos:

  • Flujo unidireccional de agua. Sería el caso de los animales que poseen branquias. El agua entra por la boca junto con la presa por la fuerza de succión, pero después el agua sale al exterior de la cavidad bucal a través de las branquias y la presa queda retenida.
  • Flujo bidireccional de agua. Este es el caso de los animales que no poseen branquias, tales como los aglosos que acabamos de comentar. Aquí el agua es retenida dentro de la cavidad bucal, y después debe salir por ella nuevamente sin que se escape la presa.

Hemos hablado de la boca, de la lengua y de la fuerza de succión, pero lo cierto es que los anfibios pueden ayudarse de sus extremidades para acabar de introducir el alimento en su boca una vez lo tienen medio sujeto con ésta, pero no sólo eso, sino que se ayudan de las extremidades posteriores para “atraer la presa hacia su boca” con una especie contorsiones y vibraciones. Esto es lo que los anglosajones llaman “prey-luring”, y es fácil observarlo en los escuerzos cuando están enterrados y cae un ratón en su terrario.

El ejemplo más típico de uso de extremidades anteriores, lo encontramos en las ranas de uñas africanas (Xenopus laevis).

Si alguna vez las habéis tenido en acuario, habréis podido comprobar como se ayudan de sus extremidades anteriores para acabar de introducir en su boca la presa que han capturado. Es un procedimiento laborioso que merece la pena que veáis, si algún día tenéis la ocasión y nunca lo habéis visto, dado que parece como si el animal jugara con el alimento, dándole vueltas hasta que le cabe por la boca.

Estrategias de captura

Aunque relacionado con el subapartado anterior, hemos creído conveniente realizar una nueva división para explicaros los dos modelos comportamentales básicos que utilizan los anfibios para capturar su alimento.

Caza al azecho

Es el modelo más “comodón”, si nos permitís la vulgar expresión, y consiste en que el depredador espera pacientemente a que la presa se le acerque para abalanzarse sobre ella. Salvo que tengan mucha hambre, los anfibios que utilizan esta técnica permanecerán inmóbiles hasta que la presa se les ponga a tiro.

Son anfibios de cuerpo pesado, robustos (importante para neutralizar los movimientos de la presa) y suelen estar ocultos entre la vegetación o enterrados en tierra o lodo para pasar desapercibidos.

Los representantes de este modelo de captura por excelencia son los escuerzos.

Caza activa

En contraposición con el anterior, los depredadores aquí salen en busca de sus presas. De hecho, se pasean por sus territorios y van cazando todas las presas que se les ponen a tiro hasta saciar su apetito.

Se trata de anfibios más estilizados y ágiles. Un buen ejemplo de este tipo de animales, lo encontramos en las ranas flecha sudamericanas.

 

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