Girodactilosis
Agente patógeno:
Gyrodactylus sp.
Sintomatología:
La epidermis de los peces se vuelve turbia con un color blanquecino muy característico que se pone especialmente de manifiesto en las aletas que dejan de ser transparentes para mostrarse lechosas e incluso deshilachadas en algunos casos.
No sería rara la aparición de pequeñas hemorragias tanto en la propia epidermis como en las aletas, así como tampoco la presencia de ojos “nublados” (turbidez en la córnea del ojo) que puede darse en algunos casos.
Características de la enfermedad:
Los síntomas se asemejan bastante a los de una infección bacteriana en una primera observación en especies dulceacuícolas. Es por ello, que resulta de vital importancia establecer un buen diagnóstico antes de iniciar cualquier tratamiento.
La ayuda de una lupa (no hace falta que sea muy potente) resulta esencial para diagnosticar la enfermedad con seguridad. Observando las aletas de los peces y utilizando un fondo oscuro en la platina para tener un buen contraste, podremos ver fácilmente unos gusanos planos que se mueven por la superficie de las aletas si estamos ante un caso de girodactilosis.
En la siguiente fotografía microscópica, se puede observar el ectoparásito que causa la enfermedad al cual hemos aplicado una tinción para una mejor visualización. Los Gyrodactylus pertenecen al grupo de los trematodos monogénicos y se caracterizan por: la carencia de ojos, presencia de un órgano característico en la región posterior del cuerpo llamado opistohaptor y por la presencia de un prohaptor en la región cefálica.

Gyrodactylus donde puede observarse el opistohaptor
El opistohaptor consiste en una armadura formada dos ganchos centrales rodeados de una serie de más pequeños llamados garfios. Dada su estructura, es fácil pensar que estamos ante un órgano de fijación que permite al parásito fijarse al pez que lo hospeda y no ser arrastrado por la corriente del agua.
En el lado opuesto, encontramos el prohaptor con una serie de glándulas secretoras de mucus que permiten al ectoparásito fijarse al pez mientras se alimenta.
Aparte de las estructuras de fijación en ambos extremos del cuerpo, los Gyrodactylus presentan una ventosa en el centro de éste que perfecciona aún más si cabe el sistema de fijación.
Estamos ante organismos hermafroditas, es decir, cada individuo presenta órganos reproductores masculinos y femeninos, pero lo más curioso de su ciclo vital es que practican el viviparismo. Esto es fácilmente observable cuando estudiamos diversos individuos, ya que no sería infrecuente que por simple transparencia, viéramos en la zona central del ectoparásito la presencia de un saco en cuyo interior se dejaran entrever un par de garfios similares a los del organismo adulto. Esos garfios del interior del saco corresponden a los Gyrodactylus juveniles dado que cuando salen del progenitor presentan una forma idéntica a la del organismo adulto.
El viviparismo permite a estos ectoparásitos optimizar recursos, ya que los juveniles ya nacen perfectamente adaptados a la vida parasitaria y los adultos se ahorran la producción de gran cantidad de huevos como ocurre en la mayoría de parásitos y la aparición de larvas con el riesgo que conlleva que éstas no lleguen a adultas sino encuentran el huésped apropiado.
Como se puede observar, todo el ciclo vital de Gyrodactylus se desarrolla sobre el mismo organismo (1 sólo huésped), característica compartida por todos los parásitos monogénicos.
No sólo los peces dulceacuícolas (especialmente peces de agua fría con dobles colas) se ven afectados por esta epizootia, ya que también se dan casos en peces marinos aunque no fuera hace unos años una de las enfermedades más comunes. Decimos hace unos años porque recientemente esta enfermedad se está haciendo muy usual también en este tipo de peces, si bien el ectoparásito no pertenecería al mismo género.
La sintomatología con la que cursa la enfermedad en peces marinos se asemeja bastante a un típico caso de oodiniosis (ojos nublados, aletas lechosas, piel turbia, etc...) y como es una enfermedad común en peces marinos se suelen utilizar los tratamientos tradicionales basados en sales de cobre. La sorpresa viene cuando los peces no responden al tratamiento y empiezan las primeras bajas e incluso lejos de remitir los síntomas parece que se agravan.
Fuimos testigos de uno de los primeros casos que se detectaron, cuando uno de los webmasters de esta web decidió realizar una observación a través de una lupa binocular de un Centropyge loriculus afectado por lo que a priori parecía una oodiniosis en estado muy avanzado. La sorpresa fue cuando se descubrió la presencia de gran cantidad de trematodos monogénicos en la superficie del pez que tenían un tamaño que superaban con creces al de un Gyrodactylus típico con un cuerpo mucho más rechoncho y con ciertas diferencias en las estructuras de fijación del opistohaptor y prohaptor.
Actualmente, realizando observaciones regulares de peces procedentes de diferentes importaciones se puede constatar en más de una ocasión la presencia de estos ectoparásitos, así que no estamos ante casos aislados.
Tratamiento:
La enfermedad en peces de agua dulce se combate eficazmente con medicamentos específicos tipo: Paracure o Gyrotox, mientras que en los peces marinos todavía no se ha encontrado un tratamiento comercial realmente eficaz aunque parece que el Masoten o preparados basados en triclorfón darían buenos resultados. Otra alternativa sería el flubenol al 5%.
Todos los tratamientos que hemos nombrado pueden aplicarse tanto a peces de agua dulce como salada, si bien el Paracure y el Gyrotox en este último caso no consiguen acabar con la enfermedad.
Es muy importante repetir el tratamiento una vez hayan pasado unos 5-10 días (depende del fármaco) de su aplicación inicial. Esto es especialmente importante en el caso de la girodactilosis de los peces marinos dada la resistencia de los ectoparásitos a los tratamientos.
No sería de extrañar que los peces marinos fueran afectados por alguna especie ovípara, lo que pondría puntos a favor de nuestra hipótesis sobre la presencia de huevos que resistirían la medicación, lo que se traduciría en una nueva parasitosis una vez el primer ciclo del tratamiento hubiera finalizado aún no habiendo ningún adulto presente.
Para acabar, sólo nos queda añadir que debido a las lesiones cutáneas que produce la presencia de estos parásitos, es conveniente controlar la aparición de infecciones bacterianas secundarias siendo incluso aconsejable realizar un tratamiento preventivo contra éstas.