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Biología de la especie

Los caracoles son unos animales ligados a la humedad y por tanto, suelen mostrarse activos de noche cuando las temperaturas son más frescas. Es raro encontrarlos activos durante las horas del día, salvo que se haya producido algún chubasco importante que garantice una humedad ambiental elevada.

Sufren el proceso de hibernación cuando llegan las bajas temperaturas, así como también el de estivación si el periodo de buenas temperaturas no va acompañado de lluvia y hay excesiva sequía.

Es, en este momento, cuando las especies provistas de opérculo (veremos en la descripción de especies que no todas lo tienen) realizan la operculación que consiste en cerrar la boca de la concha con una sustancia espesa, blanquecina y de extremada resistencia que permite al animal mantenerse aislado del medio externo y sobrevivir con las reservas que haya adquirido durante la estación favorable.

Necesitan calcio para formar su concha, de modo que será común encontrar la presencia de estos moluscos en zonas calcáreas, siendo común incluso observarles rascando cascotes de obras para obtener el ansiado mineral.

El puesta de huevos suele tener lugar con la llegada de la lluvia tras pasar el invierno y con la subida de las temperaturas. Este es el momento cuando la “hembra” excava un pequeño hoyo con su pié e introduce de uno e uno un grupo de huevos de color blanco y viscoso de donde nacerán los juveniles de caracol (no hay larvas), después de su incubación, siendo muy probable que madre e hijos no vuelvan a verse jamás.

Descripción de especies

Existen aproximadamente unas 4000 especies de caracoles en todo el mundo, si bien únicamente 400 de éstas se encuentran en Europa. Como es fácil suponerse, el resto se encuentran en zonas tropicales.

No vamos a hablar de todas ellas, sino que hemos hecho una selección de aquellas que son más importantes desde el punto de vista de la helicicultura.

Caracol común (Helix aspersa)

La dimensión de los ejemplares varía según sea su zona de procedencia. Generalmente, los animales que habitan zonas de clima más favorable suelen tener conchas de hasta 40 mm, mientras que los animales de zonas más frías (debido a las paradas bruscas que tienen de su crecimiento) escasamente llegan a los 20 mm.

Así pues, como estáis viendo, el tamaño parece no ser un buen aliado en la identificación de caracoles, especialmente sino comparamos individuos de una misma población.

El color de fondo de la concha es amarillo grisáceo con cuatro tiras muy marcadas de color rojo castaño que pueden estar interrumpidas en varias ocasiones.

La forma de la concha es globosa, muy convexa en la parte superior y sin orificio columelar. Su abertura es oval, bastante pronunciada y de tendencia oblicua.

La carne tiene un color oscuro tirando a negro.

Esta especie no se opercula durante la estación desfavorable, lo que demuestra su resistencia como especie.

Siempre se ha dicho que los caracoles están muy ligados a los ambientes húmedos, pues aquí tenemos una de esas excepciones que confirman la regla. La tendencia general de esta especie es la de ocupar zonas soleadas, secas y con escasa vegetación, vamos lo que técnicamente se conoce como especie xerófila.

Gastronómicamente hablando, su carne es óptima aunque dicen los entendidos que tiene un valor inferior al caracol de los viñedos.

Caracol de los viñedos (Helix pomatia)

Se trata de uno de los caracoles más grandes de Europa. Dicha categoría la ocupa junto con otra especie, Helix lucorum, de la cual no vamos a hablar en este artículo.

Las dimensiones de su concha rondan los 55 mm de longitud, aunque en zonas de clima favorable como los Alpes se han encontrado individuos todavía más grandes.

La coloración de la concha varía tanto a nivel de individuo como geográficamente, pero se mueve en las tonalidades del marrón con estrías más o menos marcadas.

La forma de ésta es bombeada con un ápice poco puntiagudo y con un orificio columelar fruto de un alargamiento del peristoma.

El color de la carne es claro y suele presentar abundantes tubérculos.

Aunque el nombre de viñedo hace suponer que se le encuentra ligado a zonas de cultivo, también lo podéis encontrar en otras zonas e incluso de altitud (hasta 2000 metros). Ahora bien, contrariamente a la anterior, se trata de una especie hidrófila que gusta de las zonas frescas, húmedas y sombreadas.

Se opercula cuando llega la estación desfavorable (finales de otoño hasta la avanzada primavera).

Gastronómicamente, es el caracol más apreciado.

Mejillón de tierra (Helix aperta)

Caracol con longitud de concha entre 20 y 25 mm con un color pardo verdoso.

La concha se forma con el giro de tres o cuatro vueltas en espiral, siendo la última bastante amplia. Característica es también su apertura en forma de media luna y la ausencia de orificio columelar.

Se le encuentra en zonas cálidas y en altitudes no superiores a 500 metros. Es una especie xerófila.

Se opercula en verano.

Gastronómicamente, se habla que fue el caracol más consumido por los romanos, si bien en la actualidad el de los viñedos le supera.

Caracol de los jardines (Helix hortensis)

La longitud de la concha ronda los 17 mm como máximo y el color puede ser muy variado, aunque característico es el borde blanco.

La forma de la concha es globosa tirando a redonda.

Tolera hábitats muy diversos, si bien preferiblemente se encuentra en zonas de llanura, huertos y campos cultivados. Se han encontrado ejemplares en los Alpes a 2000 metros de altitud.

No se opercula.

Gastronómicamente, su carne es bastante apreciada.

Caracol de los árboles (Helix nemoralis)

Longitud de la concha no superior a 22 mm de coloración y forma no fijos.

Su concha es casi semitransparente y puede fácilmente confundirse con ejemplares jóvenes de H. hortensis.

No se opercula.

Hábitat muy variado.

Gastronómicamente, carne exquisita pero debido a su tamaño sale poco rentable.

Caracol gigante (Achatina fulica)

Caracol de dimensiones descomunales cuya concha puede llegar a medir 25 cm de longitud y su peso superar los 300 gramos.

El color de la concha es marrón con estrías oscuras. Presenta una forma cónica y carece de orificio columelar.

No se encuentra en Europa, pero está ampliamente distribuido por África, América del Sur y Extremo Oriente. Se trata de una plaga que se le combate en masa debido a que es muy prolífico (300 huevos 3 o 4 veces al año).

Gastronómicamente, presenta una carne óptima. Debemos comentar que la picaresca de algunos importadores hace que se comercialicen trozos de caracol gigante embutidos dentro de cáscara de caracol nacional.

Algunos aficionados lo mantienen en terrario dadas sus peculiares características.

 

Hasta aquí nuestro repaso por las especies que hemos considerado pueden ser de más interés. A partir de ahora, nuestro artículo se centrará en la cría del caracol de tierra común.

 

Técnica de cría

La cría del caracol no requiere grandes infraestructuras, nos bastará con un pequeño acuario o recipiente de plástico provisto de una tapa con ventilación para acoger a un grupo reproductor.

No existe dimorfismo sexual, puesto que como hemos dicho en la descripción, estamos ante animales hermafroditas, de modo que simplemente debemos recoger un grupo de 5 o 6 animales de la misma especie e introducirlos en el contenedor de cría.

El sustrato a colocar será una típica tierra de jardín que deberá tener un espesor de unos 10 cm y deberemos mantener siempre húmeda. No está de más colocar algunos cascotes de obra o alguna piedra de calcio en el contenedor para que los caracoles puedan proveerse del calcio necesario siempre que lo necesiten.

Los caracoles no deben vivir en la completa oscuridad, necesitan conocer lo que es el día y la noche para que puedan reproducirse, del mismo modo que la diferencia entre estaciones, así que una buena idea es colocar el contenedor de cría en el exterior.

La alimentación estará basada en todo tipo de verduras incluyendo hierbas aromáticas que son su predilección y deberemos ir renovando periódicamente las raciones tan pronto como comiencen a marchitarse, no debiendo faltar nunca alimento fresco en el criadero.

Con todo esto, no necesitamos nada más para que los caracoles se reproduzcan más que un poco de suerte y no descuidarnos en mantener la humedad del criadero aunque esto sea más importante para el caracol de los viñedos que para el común.

 

Patologías de los caracoles y depredación

Han llegado a nuestro correo, preguntas relacionadas con la salud de los caracoles que, lógicamente, debido a la escasa investigación que se tiene en este campo, resultan de difícil respuesta.

A continuación, os presentamos una pequeña guía de las enfermedades más frecuentes que aquejan a los caracoles y cuáles son sus depredadores potenciales. Esto último, está especialmente dedicado, a todos aquellos que deseéis iniciar un parque de heliciculturaexterior.

No esperéis tratamientos veterinarios porque no los van a haber, y lo único que os podemos ofrecer es una descripción de los síntomas con los que cursan las diferentes patologías, basándonos en la información que nos brinda la bibliografía consultada.

Enfermedades bacterianas

Se ha observado en los criaderos de caracoles que, ocasionalmente, se produce un incremento de mortalidad de individuos, debido a la existencia de una flora bacteriana no homogénea en el suelo donde se detectan tanto bacterias Gram positivas y negativas.

El animal afectado se ve incapacitado para retraerse dentro de la concha, se muestra desorientado y sin reflejos, el pié toma un aspecto amarillento-verdoso en la zona marginal, los tentáculos oculares no se retraen, puede haber hinchazón de la región cefálica y del propio pié, y puede salir un líquido viscoso de la boca del animal.

Tras unos días de agonía, el animal acaba muriendo y la realización de un examen histológico, nos demuestra que la infección bacteriana se encuentra exclusivamente a nivel del pié, sin que el resto del cuerpo del animal se vea afectado.

Por paradójico que pueda parecer, un exceso de humedad en el criadero también puede provocar que los caracoles enfermen. Os recomendamos que tengáis en cuenta si la especie que tenéis es xerófila, hidrófila o bien gusta de todo tipo de hábitats, ya que sólo si tenéis en cuenta cuáles son sus necesidades ambientales, podréis tener animales sanos.

El exceso de humedad en animales no adaptados a ella, provoca un encharcamiento de los tejidos facilitando la entrada de patógenos al interior del animal. No se sabe a ciencia cierta como se produce, ni a que nivel o niveles atacan este tipo de infecciones, dado que las pruebas que se han hecho en laboratorio siempre han dado resultados negativos.

La única enfermedad bacteriana descrita como problemática en los parques de helicicultura, es una enfermedad intestinal que, posteriormente, se convierte en septicémica, y que puede acabar con el 80% de los individuos del criadero. La bacteria patógena que aparece en la bibliografía especializada como causante de esta enfermedad, es Pseudomonas aeruginosa. De todos modos, estudios realizados por investigadores en laboratorio a partir de este dato durante varios años nunca la han encontrado aislada, sino formando parte de toda una comunidad de microorganismos de diferentes especies.

Esta enfermedad cursa con una parálisis progresiva de la musculatura que hace que cada vez los caracoles se vean más incapaces de salir de su concha y acaben por no salir nunca, muriendo a los pocos días, y dando como resultado una “papilla verdosa” de olor muy desagradable, fruto de la descomposición del animal.

Hay que decir que dichas bacterias se encuentran como comensales habituales del digestivo de los animales sanos, y que sólo cuando las condiciones ambientales resultan desfavorables para la vida del animal (exceso de humedad, calor, etc...) y se produce una bajada de las defensas de éste, las bacterias aprovechan para proliferar a mansalva dando como resultado esta enfermedad.

Dípteros

Salvo una familia de moscas que comentaremos posteriormente, el resto son totalmente inofensivas para los caracoles que gozan de buen estado de salud. Los géneros más frecuentes, Calliphora y Sarcophaga, son atraídos fundamentalmente por los caracoles débiles, moribundos o muertos y aprovechan sus cuerpos para hacer las puestas de huevos.

Aunque no son causa directa de ninguna enfermedad, su presencia denota falta de higiene, así que mejor mantenerlas a raya, manteniendo el criadero en buenas condiciones.

Ciertas moscas de la familia Sciomyzidae se ha comprobado experimentalmente que pueden parasitar a ejemplares jóvenes de helícidos. La larva penetra en el caracol y vive durante un tiempo a expensas de él hasta que le provoca la muerte. Una vez el caracol ha muerto, la larva de mosca lo devora y sale en busca de un nuevo hospedador.

Este hecho no se ha comprobado en condiciones naturales, sólo se han hecho experimentos de laboratorio.

Ácaros

Se ha observado frecuentemente la presencia del ácaro Riccardoella limacum (Suborden Trombidiformes. Familia Ereynetidae) tanto en la superficie de los caracoles terrestres como en el interior de la cavidad paleal. Aunque centramos nuestro artículo en los caracoles terrestres, lo cierto es que también es parásito de limacos terrestres (babosas) de la familia Arionidae.

Este ácaro mide aproximadamente 0,4 mm de longitud, y presenta un tegumento blando de coloración blanquecina finamente rayado. Presenta de 3 a 4 pares de apéndices ambulacrales según se trate de un individuo joven o adulto.

Las hembras depositan los huevos entre las fibras musculares o los repliegues de la cavidad paleal e incluso, si la infestación es muy grande, los huevos pueden encontrarse flotando en el moco de la cavidad paleal.

Haciendo un estudio histológico de las larvas de estos ácaros, se demostró que su aparato digestivo contenía células sanguíneas de los pulmonados terrestres que parasitaban. Así pues, no quedaba otra que afirmar que su alimento era de la hemolinfa de los gasterópodos.

La presencia de unos pocos ácaros, no supone un problema para los parques de helicicultura, pero cuando son muy numerosos provocan estados de anemia en los caracoles e interfieren en la reproducción. Pueden provocar la muerte de los caracoles a los que parasitan.

Helmintos

Con este nombre agrupamos a todo el conjunto de lo que coloquialmente se conoce con el nombre de “gusanos parásitos”. No vamos a entrar en la descripción de los diferentes helmintos que utilizan a los caracoles como huéspedes intermediarios de su ciclo biológico, porque la lista podría ser eterna.

En principio, salvo que la parasitosis sea masiva, no suelen acabar con la vida del animal.

Hongos

Las micosis, más que afectar a los individuos adultos, a quienes afectan son a las puestas de huevos. Son dos los géneros que se han observado causando este tipo de parasitosis: Fusarium y Verticillum.

El primero parasita los huevos embrionados causando la llamada “puesta rosa”, caracterizada por la modificación de la turgencia y coloración típicas de una puesta sana, y que conduce a la desecación de los huevos y a la muerte de los embriones.

Por otro lado, Verticillum aunque parasita los huevos, los embriones pueden llegar a desarrollarse de forma normal e incluso eclosionan los huevos, sin embargo, se observa la muerte de los juveniles a las pocas horas de nacer.

Depredación

Los caracoles de tierra constituyen un bocado exquisito para muchos vertebrados, pero también para numerosos artrópodos. No os podemos hacer una lista de todos los animales que se alimentan de caracoles porque la lista sería interminable desde mamíferos, aves, cárabos, etc...

Si vuestra intención es dedicaros a la cría extensiva de caracoles, os recomendamos que hagáis censos periódicos mediante trampas de la población de artrópodos que tenéis en el criadero y que inspeccionéis el suelo en búsqueda de conchas vacías que puedan evidenciar la presencia de algún depredador.

Sólo debéis actuar cuando encontréis muchas conchas atacadas, y a ser posible identificando al posible causante del ataque consultando bibliografía especializada que den fundamento a vuestras hipótesis de posibles sospechosos.

Llegado este punto, damos por finalizado el artículo sobre el caracol terrestre esperando que haya servido para conocer un poco más acerca de su biología, al ser muchas veces difícil encontrar información al respecto en nuestro idioma, pese a ser cada vez más comunes las personas que han hecho de la helicicultura un negocio.

 

Alberto Maceda & Irene González | www.alaquairum.com | www.alaquairum.net

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